New Glenn, viejos problemas: fallos de cohetes y responsabilidad en el espacio

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Las misiones espaciales son emocionantes pero arriesgadas, y los fallos pueden tener consecuencias técnicas y legales importantes. El derecho espacial define la responsabilidad cuando algo sale mal.

El universo es una inmensidad que continúa recordándonos las infinitas posibilidades que existen. En tiempos recientes, y quizás durante eones antes de que existiéramos en la Tierra, al observar el cielo celestial se pueden apreciar fenómenos ocasionales, ya sean de origen humano o no. De forma habitual, se pueden ver la Luna, ciertos planetas y, especialmente, las estrellas. Para el astrónomo más observador, un satélite y el a menudo raro meteoro también adornan el cielo. Para quienes apoyan la exploración espacial, otros eventos muestran la complejidad y dinamismo del espacio. Por ejemplo, los desafíos legales y técnicos que pueden surgir incluso antes de que un objeto espacial alcance la línea de Kármán.

Lo que sube, con suerte, no vuelve a caer

Al menos esa es la esperanza dentro de la industria espacial. Ya se trate del lanzamiento de un satélite, la operación de un telescopio o la entrega de valiosa carga a la Estación Espacial Internacional (ISS), cada misión espacial tiene como objetivo colocar un objeto en órbita con un propósito específico. Pero a veces estas misiones fallan, y sí, incluso la ingeniería espacial falla. Cuando eso ocurre, los abogados especializados en derecho espacial toman nota.

El 21 de abril de 2026, el cohete New Glenn de Blue Origin sufrió un fallo de empuje en la segunda etapa durante su tercer vuelo de prueba. Transportaba una carga útil de un satélite de AST SpaceMobile, que finalmente quedó en una órbita no utilizada y se perdió. En respuesta a esto, la Administración Federal de Aviación (FAA) ordenó la inmovilización del vehículo de lanzamiento mientras se realizaba la investigación, destacando también la gravedad de la anomalía.

Luego, el 28 de mayo de 2026, durante una prueba separada de encendido estático para la misión NG-4, ocurrió otra catástrofe. El propulsor explotó inesperadamente en Cabo Cañaveral, destruyendo tanto el cohete como la etapa superior. No hubo pérdidas humanas, sin embargo, la plataforma de lanzamiento y la infraestructura circundante sufrieron daños significativos. New Glenn no es el primero en experimentar esto. En 2016, el Falcon 9 de SpaceX explotó durante una prueba similar en plataforma. En 2021, el cohete Alpha de Firefly también falló dos minutos y medio después del despegue, tras una anomalía en el motor que activó su sistema de seguridad. Estos ejemplos muestran que la astronáutica es un negocio de alto riesgo.

En este contexto, la pregunta a la que se enfrentan los gobiernos africanos no debería ser por qué invertir en el espacio, sino cuándo y cómo hacerlo, ya que la respuesta al “por qué” ya puede justificarse simplemente porque el espacio es útil para resolver muchos de los desafíos de desarrollo que enfrenta la región. Una pregunta más pertinente es si los gobiernos africanos, con una visión orientada al futuro y a la cuarta revolución industrial, pueden permitirse no invertir en el espacio.

Brandon Barnes habló sobre el potencial de las tecnologías espaciales para ayudar a abordar algunos de los desafíos de desarrollo más urgentes de África, al tiempo que crean oportunidades para un continente donde aproximadamente el setenta por ciento de la población tiene menos de treinta años. La ventaja demográfica que representa la población joven de África podría convertirse en una de las mayores fortalezas del continente, especialmente si se considera que para el año 2050, 1 de cada 4 personas en el mundo podría ser africana. Cualquier institución, ya sea africana o global, con visión de futuro, debe entonces pensar necesariamente en lo que el crecimiento de África significará para las narrativas del desarrollo global.

Clasificación del problema: responsabilidad en el espacio

En lugar de centrarse en los aspectos técnicos, este artículo trata sobre la responsabilidad que puede surgir cuando ocurren este tipo de eventos. La responsabilidad —definida como la obligación legal por los daños causados— es un tema central en el derecho espacial. En el escenario de New Glenn, podrían aplicarse varias formas de responsabilidad (sin embargo, debe señalarse que este artículo es de naturaleza teórica y no pretende atribuir responsabilidad de ningún tipo a las empresas mencionadas anteriormente ni a ningún actor de forma similar. Los casos expuestos solo sirven como recordatorio de la importancia de la gobernanza en estas áreas, para garantizar la concienciación sobre el espacio y poner estos temas a disposición de la comunidad jurídica y del público en general. Las teorías del autor son completamente propias).

a. Responsabilidad compensatoria:

Se trata de la sanción por una conducta indebida. El precedente de este tipo de responsabilidad se estableció durante el caso Cosmos-954, cuando Canadá reclamó una indemnización después de que un satélite nuclear soviético cayera en su territorio. Si la carga útil de New Glenn hubiera reentrado de forma incontrolada, o si la explosión de mayo hubiera causado daños fuera del lugar del lanzamiento, podrían haberse activado reclamaciones de responsabilidad penal bajo el Convenio de Responsabilidad de 1972.

b. Responsabilidad reparadora:

Esta forma de responsabilidad se refiere a las obligaciones de actuar correctamente. Según el Convenio de Registro, los Estados deben notificar a los registros nacionales y de la ONU sobre los satélites, incluso si las misiones fallan. La pérdida de la carga útil de New Glenn plantea dudas sobre la notificación orbital y el cumplimiento, especialmente cuando los instrumentos no establecen un plazo definitivo, sino que piden a los Estados informar tan pronto como sea “practicable” tras el lanzamiento.

c. Responsabilidad vicaria:

Este tipo se refiere a la responsabilidad que se transmite a lo largo de la cadena de mando. Por ejemplo, si un fabricante subcontratado contribuyó a la anomalía de empuje, la responsabilidad podría extenderse más allá de Blue Origin, complicando los acuerdos comerciales multipolares o con terceros.

c. Responsabilidad absoluta:

La categoría final de responsabilidad para los fines de este artículo se refiere a la obligación por cualquier daño causado, independientemente de la existencia o no de culpa. El artículo 2 del Convenio de Responsabilidad se aplica a este principio y busca garantizar que cualquier daño causado en la Tierra también sea compensado. Esta disposición reconoce los costes implicados en llevar misiones a órbita y asegura que exista jurisdicción para ser indemnizado por pérdidas ocurridas antes de alcanzar el espacio. En términos comerciales, esto podría garantizar la continuidad de los procesos. La explosión de mayo de 2026, aunque contenida, podría haber alcanzado este umbral si hubiera afectado a propiedad de terceros.

La cuestión más amplia

En un sentido más general, los problemas de New Glenn importan por su papel dentro del Programa Artemis, aunque este tipo de contratiempos se consideran normales y habituales en el lenguaje de la industria.

Sin embargo, al ser un vehículo clave para la arquitectura lunar de la NASA y para misiones comerciales, los fallos repetidos tienen efectos en cadena. Los inversores y las aseguradoras están atentos, pero también lo están los Estados y otros actores emergentes que han invertido capital diplomático y reputacional en el acceso equitativo al espacio cislunar. Los fallos de cohetes también pueden plantear desafíos de equidad, por lo que los juristas espaciales deben vigilar de cerca para ayudar a mitigar una lista creciente de posibles problemas de gobernanza en el espacio.

Cada contratiempo o retraso ralentiza la visión inclusiva de la humanidad en su exploración del espacio, especialmente en el Sur Global. Y, en consecuencia, cada cuestión de responsabilidad sin resolver deja a estos actores en una posición vulnerable, sin los recursos legales de los grandes países o entidades espaciales. A medida que aumenta la frecuencia de lanzamientos, se necesitarán herramientas más precisas, precedentes más claros y marcos jurídicos proactivos antes de la próxima cuenta regresiva, no después de que ocurra una anomalía.