Ahora que la humanidad ha conquistado la Luna, ¿cómo podemos coordinar las misiones actuales y futuras para garantizar que los beneficios derivados del espacio exterior lleguen a todos? Las misiones no son solo logros simbólicos; también nos ayudan a recopilar información sobre la Luna y sobre nuestra historia en el cosmos. Pero ¿quién controla realmente esa información y en qué circunstancias se comparte? A medida que los Estados y los actores privados aceleran sus planes para desarrollar infraestructura lunar, extraer recursos y realizar operaciones de larga duración, los datos se convierten en un activo dentro de la emergente economía cislunar.
Esto resulta especialmente evidente en el ámbito de la extracción de recursos lunares. Aunque todavía no se han cuantificado por completo, la Luna alberga depósitos de minerales y elementos que podrían impulsar el futuro de las actividades espaciales. Esta promesa es la que sustenta la planificación de las misiones y determina dónde los distintos actores deciden aterrizar y llevar a cabo futuras estrategias de extracción. Sin embargo, aunque los Estados suelen competir en el plano tecnológico, la exploración lunar depende al mismo tiempo de niveles excepcionalmente altos de cooperación científica. El resultado es una tensión creciente entre mantener una ventaja estratégica y promover el reparto colectivo de beneficios.
El intercambio de datos como principio de gobernanza
en la literatura académica y de políticas públicas, el intercambio de datos generalmente se refiere al intercambio de información entre distintos actores de manera que respalde los principios fundamentales del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre. Aunque estos principios no están expresamente formulados, sus matices pueden inferirse a partir de la interpretación de los diversos instrumentos jurídicos. Entre estos principios se incluyen, entre otros:
- Transparencia
- Colaboración científica
- Eficiencia operativa
- Resolución colectiva de problemas
En cuanto al tipo de datos que pueden generarse o compartirse, estos abarcan datos de telemetría, información sobre posicionamiento orbital, datos de teledetección, hallazgos científicos y datos relacionados con la coordinación de misiones.
La exploración lunar representa una importante oportunidad para reforzar estos principios fundamentales, debido a que dichas misiones se desarrollan en entornos restringidos y de alto riesgo. En este contexto, el intercambio de información esencial puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de una misión. Las duras condiciones del espacio exterior, ya sea por la radiación o por los peligros del terreno, generan incentivos para establecer sistemas compartidos de conocimiento, ya que ningún actor por sí solo dispondrá de una cobertura informativa completa del entorno lunar.
Esta realidad se refleja incluso en el derecho internacional del espacio. Aunque el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre no utiliza explícitamente la expresión “intercambio de datos”, varias de sus disposiciones establecen principios estrechamente alineados con la cooperación en materia de información, lo cual es una extensión del reparto de beneficios. El artículo 1 establece específicamente que la exploración y utilización del espacio ultraterrestre “se realizará en beneficio e interés de todos los países”. El artículo 11, por su parte, alienta a los Estados a informar al Secretario General de las Naciones Unidas (ONU), al público y a la comunidad científica internacional sobre la naturaleza, el desarrollo y los resultados de las actividades espaciales “en la mayor medida posible y factible”.
Leídas en conjunto, estas disposiciones crean una expectativa implícita de que el conocimiento generado a través de las actividades espaciales debería contribuir al avance científico internacional en un sentido más amplio.
Las misiones lunares y el valor estratégico de la información
Llegar a la Luna no es fácil; por ello, los datos lunares derivados de ese logro se vuelven aún más valiosos, ya que solo un pequeño grupo de Estados es capaz de alcanzar la Luna. Desde las misiones soviéticas Luna de las décadas de 1950 y 1960, solo un número limitado de países ha logrado realizar aterrizajes o misiones orbitales lunares con éxito. La Unión Soviética se convirtió en el primer país en lograr un aterrizaje suave en la Luna con Luna 9 en 1966. Estados Unidos (EE. UU.) pronto le siguió con el programa Apolo, que culminó con el alunizaje tripulado del Apolo 11 en 1969. El programa lunar de China también se aceleró de forma significativa durante el siglo XXI, incluyendo el aterrizaje en la cara oculta con Chang’e 4 en 2019 y la misión de retorno de muestras Chang’e 5 en 2020. De igual forma, India logró lanzar y aterrizar con éxito Chandrayaan-3 cerca del polo sur lunar en agosto de 2023, convirtiéndose en el cuarto país en lograr un alunizaje suave. Finalmente, la misión SLIM de Japón siguió en enero de 2024, demostrando capacidad de aterrizaje de precisión a pesar de algunas complicaciones técnicas.
Los Estados no son los únicos actores interesados en la Luna, ya que la participación comercial también está creciendo rápidamente. Empresas como Intuitive Machines y Astrobotic están proporcionando sistemas de entrega lunar bajo el programa Commercial Lunar Payload Services de la NASA, mientras que las asociaciones internacionales están vinculando agencias públicas con proveedores privados de infraestructura. Sin embargo, ya sea a través de iniciativas estatales o del sector privado, cada una de estas misiones genera grandes volúmenes de datos científicos, incluidos mapas topográficos, mediciones térmicas, análisis del regolito e información de prospección de recursos, todo lo cual resulta beneficioso para comprender la Luna y fomentar el desarrollo económico y científico. Por ejemplo, la cartografía del hielo de agua cerca de los cráteres permanentemente en sombra de la Luna tendrá un impacto directo en futuras estrategias de habitabilidad y producción de propelente.
Del intercambio de datos a la interoperabilidad
Un concepto central en la discusión sobre el intercambio de datos es la interoperabilidad. En la literatura técnica, la interoperabilidad se refiere a la capacidad de diferentes sistemas, organizaciones o tecnologías para funcionar conjuntamente de manera eficaz mediante estándares compartidos, lo que incluye el intercambio de tecnología, interfaces e incluso procedimientos. En las operaciones lunares, la interoperabilidad puede incluir, por ejemplo, la compatibilidad de acoplamiento.
El intercambio de datos constituye, por tanto, una capa fundamental de la interoperabilidad, ya que las operaciones coordinadas requieren arquitecturas de información comunes. La gestión segura y sostenible del tráfico lunar dependerá de intercambios fiables de datos operativos entre los distintos actores. Lo más importante es que la interoperabilidad también refuerza obligaciones más amplias de cooperación internacional, tal como se refleja en todo el marco del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre. El artículo 9 exige específicamente que los Estados realicen sus actividades con el “debido respeto” a los intereses de otros Estados y eviten interferencias perjudiciales. Esto no puede lograrse sin cierto grado de conocimiento situacional compartido y coordinación técnica.
Estos temas, entre otros, son abordados por organizaciones como la Open Lunar Foundation, que se centra en la gobernanza y en marcos de cooperación para la actividad lunar. La Open Lunar Foundation ha apoyado el debate en torno a estándares abiertos, acceso científico compartido y modelos de gestión destinados a preservar la sostenibilidad a largo plazo del entorno lunar.
La sostenibilidad lunar requerirá un considerable intercambio de información entre los diversos actores que operan más allá de la Tierra. Como se ha señalado anteriormente, el intercambio de datos se sitúa en el centro de esta transición, ya que las operaciones lunares requieren coordinación en condiciones de enorme riesgo. Esto, junto con la distancia y la infraestructura limitada, hace necesaria una coordinación a un nivel superior. Los principios recogidos en el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre anticiparon elementos de este desafío hace décadas, incluso antes de que las operaciones lunares continuas fueran tecnológicamente viables. A medida que la Luna se convierta en un entorno operativo, la gobernanza de la información podría convertirse en una de las cuestiones definitorias que marcarán la siguiente fase de la actividad humana más allá de la órbita terrestre.
